Despierta Fernando, despierta ya!
Cuando la vi estaba con Anita en el Louvre. Entré solo a la sala, motivado por carteles impresos a lo largo del metro. Nunca me había sentido atraído por la pintura hasta entonces (creo que aún es así), pero con esta me identifiqué, sobretodo con la expresión del joven aferrado a la mujer que se le fue. Eventualmente, Anita también se fue.
Hubo una época en que la autodestrucción, paradójicamente, fue su forma de establecer lo que sería después. La vida transcurre en un después constante, pero aún así, no he logrado entrever ninguna declaración todavía, solo el mismo patrón autodestructivo permanente. Estoy empezando a entender que yo tengo mucha responsabilidad en su aparente corto avance.
La calma llega justo cuando menos la necesito. Es uno de tantos sabotajes interiores, aunque de interiores no tengan nada porque creo más que son propiciados por una entidad ajena a mí. No me quiero librar de culpa, es más, se que podría dar ese esfuerzo extra cliché del que tanto hablan las películas gringas, dar el 200%, pero igual siento que hay algo fuera de mi que controla el caos y que por ahora me quiere ver inmerso en él. No quiero pensar, simplemente dejar que mis dedos opriman las teclas que mejor le parezcan, que más le plazcan, que mejor se sientan. El 5 por ejemplo es una favorita, la barra espaciadora también y el enter, aunque no es el que mejores resultados produzca, se siente muy bien al oprimirlo.
De repente me siento jugando con alguien, como si el teclado fuera un amigo, como si fuera una entidad, como si fuera esa entidad de la que hablé al principio pero que ahora estuviera de mi lado. Las flechas son tal vez las mejores teclas del teclado, lo malo es que no varían en nada el texto, el resultado, la opus, simplemente es una forma de gozarse el mientras tanto. No es casualidad que llegue a este tema de una manera tan desinteresada, nada es casualidad, absolutamente nada, sin embargo, gozarme el mientras tanto no es el tema del que quiero hablar, es simplemente otra distracción pasajera para evadir lo más profundo, eso que no se que es, que me es tan esquivo, eso que me mira desde algún lugar mientras yo le busco sentido a jugar con mi teclado. Los textos descriptivos son fáciles, no hay necesidad de pensar, en realidad es poco trabajo mental, es más manual. Una sola cosa a la vez, pienso, mientras intento escribir un texto al estilo escritura automática aunque no sea esa la mejor opción para este momento. Así que dejo lo automático para después y me concentro en lo manual. Es más manual, había dicho, lo descriptivo no requiere interpretaciones, es libre de posturas, de opiniones, simplemente es. Me gusta ser, sin necesidad de interpretarme, sin necesidad de ser más de esto o menos de aquello. No voy a hacer la pregunta más obvia, el porqué las cosas son como son, prefiero no detenerme en preguntas que están ahí como el aire, que son necesarias para vivir, que están ahí sin que las veamos, que son imposible de tomarlas de la mano, como a una novia, prefiero detenerme en cómo mejorar, prefiero no detenerme, prefiero seguir avanzando, dejar que las casualidades fluyan, dejarme llevar sin entender pero con la tranquilidad de que no hay necesidad de hacerlo. Siento caliente mi pecho, como cuando voy a acostarme, siento que estoy racionalizando pero siento que es inevitable, siento que me estoy copiando y que estoy recurriendo a lugares comunes, siento que los lugares comunes me sirven de apoyo para avanzar. Se viene a mi cabeza la imagen insobornable de mi padre y la de mi madre, que no tiene adjetivo (a pesar de que hice un esfuerzo por encontrarlo), se viene a mi mente la imagen de mi hermano, un compañero, un héroe de infancia, un modelo que no quiero imitar. Un hastío profundo emerge nuevamente. Intento borrar la frase anterior pero se que no debo hacerlo porque me ocasionaría peores consecuencias. El miedo es un motivante, un motor, de cierta forma, pero no funciona bien, es necesario darle algunos toquecitos para que sea más elástico, como los corazones. Más manual, vuelvo a pensar, lo automático no me funciona pero prefiero dejarlo así, a pesar de que me duela después porque pensar no necesariamente me deja cosas buenas. La vida es muy fácil, no logro entender cual es mi afán de complicarla. Es sencilla, es disfrutable, es cortejable, es fácil de sacar a bailar y es corta. El sueño es una evasión, era lo que me decían cuando estaba interno, dormir es una forma de evadir sus sentimientos (debo aclarar que hacían referencia a dormir durante el día). Pienso mucho en la opinión de mi próximo ayudante, en como lo que escribo podrá o no ser descifrable por él, en como me ayudará, pero pienso poco en cómo lo que escribo podrá hacerme comprender lo que me pasa, dejo el trabajo a terceros, delego, como buen administrador y me quedo con mi miedo, intacto.
Casi siempre tiene un pero. Aún si el día está casi perfecto, para él pesa más el casi. Es como si la inconformidad fuera su manera de aportar, de dar valor a un mundo pobre a sus ojos. Siempre querrá ser distinto, pero no va a lograrlo, no sin ella.
La diferencia entre un bis común y un sonido que se vuelve textura está dada por la paciencia y el interés de descubrir algo más en lo evidente. Es aquí cuando la repetición logra conmoverme, como los latidos.
Un sonido suave, nuevo y fiestero sale del par de parlantes que compramos antes de internarnos. Noto que hoy estoy hablando como unidad; no siento que seamos distintos: instinto y mente, pasado y presente, consciente y yo. Es un sueño, lo sé, pero se siente real que por fin seamos uno.
Aparte de todas las referencias en la mayoría de las canciones, si no en todas, a ser el mejor en el género, referencias como el patrón, el líder, el dueño, the couch, el papa, etc., quise saber cuáles eran las palabras más usadas en las canciones de reggaeton. Lo que hice fue armar una nube de palabras con las 10 primeras letras de este momento. Pareciera que este género habla de amores de una noche entre solteros en donde la pared es un sitio clave.
Recuerdos pequeños se cruzan en las esquinas, se saludan y luego se despiden para dejarse olvidar. Como los sueños, que visitan de vez en cuando pero no se quedan lo suficiente como para sentirlos propios. Así es ella, unas veces está aquí, presente y otras muchas solo es una imagen que se vuelve cada vez más pequeña, del tamaño de esos recuerdos que conversan entre sí.




